miércoles, 8 de enero de 2025

Te voy a vender una promesa de éxito (y no, no es un curso milagroso)

 Hoy quiero contarte algo que le dije a mi hijo pequeño el otro día, cuando me preguntaba con cara de pocos amigos: "¿Por qué tengo que ir a la escuela? Si no quiero estudiar más, no quiero aprender nada, ¿para qué?" Y aunque esa pregunta es típica de su edad, me hizo pensar en algo mucho más grande: la importancia de formarse, formarse y seguir formándose. Y sobre todo, de hacerlo de forma inteligente, sin caer en la trampa de los atajos fáciles. Así que te lo voy a contar en este artículo, porque la lección que le di a mi hijo tiene mucho que ver con el éxito personal, laboral y, sí, también financiero.

La promesa de éxito (sin garantías)

Primero, te voy a ser sincera: no hay garantías de éxito. Nada de lo que haga nadie te va a asegurar que vas a ser rico, famoso o exitoso de la noche a la mañana. Porque el éxito no es como un cupón que puedas canjear cuando quieres. Es más bien como un jardín: lo plantas, lo cuidas, le das tiempo y, con suerte, cosechas algo. Pero para tener algo bonito, necesitas tener los conocimientos, las herramientas y, sobre todo, la paciencia.

Y ahí es donde entra la formación continua. La vida no es un "ya sé lo que tengo que hacer" y listo. La clave está en nunca dejar de aprender, de hacer preguntas, de cometer errores y de adaptarte. Pero, lo más importante, aprender con cabeza.

Formarse sin parar

El mundo cambia muy rápido. Hoy sabes una cosa, y mañana ya está desactualizada. Por eso no puedes quedarte con lo que aprendiste ayer, la semana pasada, ni el año pasado. Tienes que seguir formándote. Y no me refiero solo a "ir a la escuela" o hacer cursos formales. Hablo de aprender todos los días, ya sea leyendo un artículo, escuchando un podcast, o incluso simplemente hablando con personas que sepan algo más que tú. La clave está en la curiosidad, en buscar más allá de lo que ya sabes.

Sí, es cierto que hay millones de cursos de todo tipo en internet, desde los que prometen hacerte millonario de la noche a la mañana hasta los que realmente valen la pena. Pero no te dejes engañar por las promesas fáciles. La verdadera formación viene de la constancia, de encontrar tu camino y hacerlo con cabeza.

Cometer errores... pero con cabeza

Una de las cosas más valiosas que le he intentado enseñar a mi hijo es que cometer errores es parte del proceso, pero que esos errores no te deben hundir. Todos fallamos. Yo, tú, él, ella, todos. Lo que importa no es tanto el fallo en sí, sino qué aprendes de ese error y cómo te adaptas para mejorar. La clave está en mitigar las pérdidas, aprender a tomar decisiones inteligentes y, si es necesario, dar un paso atrás para replantearlo todo.

Por ejemplo, si inviertes en algo y te das cuenta de que no es la mejor idea, no sigas hundiéndote solo porque "lo dijiste" o porque "ya invertiste tiempo y dinero". En esos momentos, hay que saber cuándo cortar la pérdida y redirigir el esfuerzo. Los verdaderos exitosos no son los que nunca fallan, sino los que fallan rápido, aprenden de ello y siguen adelante.

Lección para mi hijo (y para ti también)

Cuando le dije a mi hijo que tenía que ir a la escuela, le hablé de todo esto. Le expliqué que la escuela no es solo para aprender datos o memorizar cosas, sino para adquirir habilidades. Aprender a pensar, aprender a resolver problemas, aprender a gestionar el tiempo y el dinero. Porque, al final, el conocimiento es poder, y en un mundo tan competitivo, el que tiene la información adecuada y sabe cómo usarla, tiene una ventaja.

Ayer, por ejemplo, me senté en casa de mis padres y, casi de broma, les dije: "Miradme bien, que voy a ganar 600 euros". Me miraron con cara de sorpresa, pero les respondí con una sonrisa, sabiendo que lo que estaba a punto de hacer era posible gracias a años de formación constante. Me senté en la silla, tomé mi computadora, y empecé a trabajar en algo en lo que realmente soy una crack (no voy a mentir, he puesto muchas horas en esto). En menos de 2 horas, me levanté de esa silla con 600 euros netos en el bolsillo. Y lo más importante, esto no fue un golpe de suerte, sino el resultado de formarme sin parar, desde que estaba en parvulitos hasta ahora, especializándome en algo muy concreto durante los últimos 25 años. No trabajo de 9 a 5 eso es verdad pero a veces trabajo muchas más horas. Así que no me cansaré de decirlo: la formación constante es lo que realmente marca la diferencia. No hay atajos para llegar ahí, solo dedicación y aprender siempre, sin importar lo que te digan los demás. 

Es cierto que hay mucho ruido por ahí: gurús, promesas de dinero rápido, y caminos aparentemente fáciles para tener éxito. Pero la verdadera promesa de éxito está en la formación constante, en aprender de los fracasos y en tomar decisiones informadas.

Conclusión: no vendas atajos, sino preparación

En resumen, no te voy a vender una promesa de éxito fácil, porque no la hay. Pero sí te voy a decir que, si inviertes en tu formación y aprendes a gestionar tus decisiones (y tus errores), las probabilidades de éxito aumentan significativamente. Si hay algo que te puedo asegurar es que el trabajo constante y el aprendizaje nunca pasan de moda, y que a largo plazo, siempre dan resultados.

Así que sí, dile a tu hijo (y a ti misma): "Ve a la escuela, sigue aprendiendo, haz preguntas, comete errores... pero hazlo con cabeza, porque el éxito no llega solo, llega con preparación y paciencia."

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario